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La lepra, Figura del pecado PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Efrain Araya   
lunes, 14 de julio de 2008

LA LEPRA, FIGURA DEL PECADO


Para nadie es desconocido que el cuerpo humano está expuesto a una cantidad de enfermedades, algunas  con un tratamiento pueden ser curadas, otras más graves, ponen en juego la vida del ser humano.
 
Una de las enfermedades que esclaviza, además de causar grandes dolores y humillación es la lepra, la que a pesar de los esfuerzos que hace la ciencia medica, se ve poco adelanto que alivie al enfermo de este mal.   

Podemos decir sumamente conmovidos, que la lepra en el cuerpo del enfermo es una enfermedad repugnante, pero Dios levanta mujeres y hombres, que despreciando todo el peligro que esto significa, consagran sus vidas, y cuidan este tipo de enfermos, para aliviar sus dolores, y entregarles amor, que ellos tanto necesitan.

En nuestros días, este tipo de enfermos debe vivir en un estado de aislamiento, lejos del resto de la sociedad. Lo mismo ocurría en medio del pueblo terrenal de Dios, su lugar era fuera del campamento, porque los Israelitas eran un pueblo santo, y en medio de ellos no podía morar el hombre así contagiado.

“Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozando pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo!
Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada”  (Levíticos 13: 45 - 46)

Los Judíos, consideraban este tipo de mal, como un castigo de parte de Dios, y en lo que se fundaban para tener este pensamiento, es que Dios lo usó para castigar la murmuración de María y Aarón, que hablaron contra Moisés, siervo de Dios, y castigó a María, desatando en ella esta enfermedad de la lepra.

“Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue.
Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María que estaba leprosa” (Números 12: 9 - 10)
 
“Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no paso adelante hasta que se reunió María con ellos”
(Números 12: 15)

¡Cuán terrible es el pecado en medio del pueblo de Dios!  Y en este caso, la murmuración de dos, paralizó todo el pueblo.         

Cuando el pecado aparece en alguna asamblea, aprendemos por la Palabra de Dios, que Él se va. El Santo Espíritu de Dios no mora en medio del pecado, a pesar que sigue existiendo ese grupo, el Santo Señor no está con ellos, están muertos, abandonados del Señor, viviendo en sus faltas, en la voluntad de su carne.
El pueblo de Israel es conocedor de las verdades y santidad de Dios, y con sus apariencias pretenden engañar al que es escudriñador del corazón, y delata sus pecados, porque no permite la lepra que se pretende ocultar.

“¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os revelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.
Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni suavizadas con aceite”
(Isaías 1: 5 - 6)

Dios ve en el corazón del hombre, una lepra generalizada, que ningún esfuerzo humano podrá limpiar, por grave que esta sea. 

“Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor”   (Jeremías 2: 22)

¡Qué maravilloso! Porque si ni en el hombre, ni en la religión, hay una medicina que puede curar este mal de la lepra del corazón, tenemos una posibilidad de rogar al Señor para que Él nos ayude, y nos limpie, concientes que nos escuchará y vendrá en nuestro socorro.

“Porque Él librará al menesteroso que clamare, 
Y al afligido que no tuviere quien le socorra.
Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso,
Y salvará la vida de los pobres.
De engaño y de violencia redimirá sus almas,
Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos” 
(Salmo  72: 12 - 14)

La criatura que reconoce la lepra del pecado en su corazón, y lo confiesa al oído de Dios, Él le lava y le limpia, por medio de la sangre de su Hijo, derramada en la cruz del calvario por el pecador perdido. Sólo Él puede sanar este mal que le hunde en ese estado de muerte espiritual, y le conduce a la muerte eterna.

“Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y LA SANGRE DE JESUCRISTO su Hijo nos limpia de todo pecado”
(1 Juan 1: 7) 

En la Palabra de Dios, tenemos la historia de muchos hombres, físicamente leprosos, que se acercaron al Señor para que los sanara de su mal, pero uno hubo, que le clamó a Él de todo su corazón y le dijo:

“Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres puedes limpiarme.
Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero se  limpio. Y al instante la lepra desapareció”   (Mateo 8: 2 - 3)

El Señor en estos momentos está cerca de ti, y desea escuchar el clamor que salga de tu alma, pidiendo que Él te sane de la lepra de tu alma, Él te dice:

“Venid luego, dice Jehová, y entremos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; Si fueren rojos como el carmesí, vendrán hacer como blanca lana”  (Isaías 1: 18)

E. Araya G.
                                    

Modificado el ( miércoles, 20 de agosto de 2008 )
 
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